12 de marzo de 2005

Hoy mis pequeñines voy a contarles una historia …

Era un día más en mi vida, venia preocupada por unos exámenes, entrega de trabajos y demás, y particularmente estaba muy muy cansada; en el tren (escenario en donde sucede los hechos) generalmente voy siempre sentada por que salgo de la estación inicial y no va muy lleno.
Por mis adentros ese día deseaba que ningún viejecito/a o mujer o hombre (porque no?) con sus crías me interrumpa en mi viaje.
Resulta que en la primera estación que para mi tren, sube un viejecito con mirada de cielo, caminando despacio, había lugares libres pero las muy hábiles personas que subieron con él ocuparon todos.
Para mis adentros dije uhhh… (Siempre soy de las que dejo el asiento pero ese día realmente no tenia ganas), me pare y le ofrecí mi lugar. Este hombre se negó a sentarse en mi lugar, alegando algo así como que el era hombre y yo una mujer y que no podía permitirlo. Yo le insistí, por mis adentro odiando esa situación (odio que me pase eso.. pero esto es mejor explicarlo en otra ocasión); al final el anciano acepto.
Al sentarse el hombre me tira una bomba que no me esperaba, y a la cual, como mostrare, estaba desprevenida. Me dice: “disculpa es que tengo cáncer” esta frase fue acompañada con los ojos color cielo que ya mencione humedecidos. Yo que hice? Llorar, no puede contenerme, no fue un llanto escandaloso, fue un llanto en silencio pero continuo.
El hombre que se dio cuenta (todos los de alrededor se dieron cuenta, hasta los que corrieron para sacarle el lugar) me dijo no llores que me vas hacer llorar a mi.
Siguió una charla de esas que se dan ocasionalmente, yo tratando de no llorar, y el hablándome de su hijo, su tratamiento, en fin… su vida.
Llego mi estación, me despedí, me baje… mis ojos siguieron a los de él… pero finalmente se perdieron…
Es hoy que me replanteo por que lloré? Es hoy que no lo se… Pienso que mi “gran cansancio”, ese que deseaba no dar el asiento se junto con el cansancio de afrontar una enfermedad. Creo que logre ver que mis problemas eran diminutos frente a otros.
Me sentí mala persona, egoísta, culpable…
No se que habrá sucedido con él, lo único que espero que ese día se haya dado cuenta todo lo que mi hizo ver.

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