30 de septiembre de 2005

Continuación del Encuentro
(ver primera parte)

Tomaste mi mano, me fuiste guiando en calles desconocidas por mí, y no tan conocidas por vos. Pero no me importo, los dos sabíamos lo que queríamos sin decirlo.
Entramos, rápido y nuevamente sin pensar, por que sabíamos que esa decisión cambiaria con el pensamiento de cualquiera de los dos. A veces guiarnos por los deseos no esta mal… a veces…
Cerraste la puerta, viste mis ojos con dudas, supiste no preguntar; solo lograrías confirmar mis incertidumbres.
Me sonreíste y me dijiste una torpeza, de esas que sueles decir; me hiciste reír y aun cuando no terminaba la risa tu boca me busco desesperada. Y se encontraron con más fuerza que antes con más ganas que nunca.
Despacito te fuiste moviendo, sabíamos para donde íbamos, igualmente lo hacíamos lento. Era una forma de dilatar el final, el adiós definitivo.
Te tiraste sobre la cama, arrastrándome con vos; me deje derrotar, era realmente lo que quería. Las caricias, besos nos acompañaron junto con la torpeza tuya para desabrochar mi camisa. Risas nerviosas, junto con ayuda mutua, logramos que nuestros torsos entren en contacto. Cualquier roce era mágico.
Las sabanas fueron cómplices de nuestro encuentro, los sudores testigos de nuestro pecado y los besos nuestros abogados de oficio.
Pronto supimos que llegaba el momento del Adiós. Mientras te vestías y me vestía sin tiempo para el descanso o remordimientos (cada uno tendría tiempo por su parte), el silencio era nuestra forma de hablar. No había palabra justa para ese momento.
Salimos, y me quisiste acompañar… pero sabía que era mejor despedirnos lo antes posible. Sin promesas falsas, ni palabras obligadas. Quería hacerlo fácil para los dos, sin complicaciones.
Y fue un Adiós. Seco, pero dulce, con la mejor sonrisa que pude ofrecerte. Y un último beso tuyo, inofensivo de esos que recibíamos de pequeños. Y fue así que nuestros caminos comenzaron a separarse, como sabíamos que ocurriría… yo comencé a caminar por donde habíamos venido, vos te quedaste ahí parado mirándome.
El viaje de vuelta comenzó con recuerdos tuyos, por cada esquina que pasamos, por el anden que compartimos, aquel techo que nos protegió. Pero todo sin vos.

FIN.

Buen Fin de Semana!

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